miércoles, 21 de agosto de 2019

PoesíApp: Museo de réplicas

Solo. Otra vez. Otra luz he visitado el Museo. Lo he revivido. De hecho. Lo he resucitado. Porque entre todos -vacío- lo habían muerto. Solo. Yo solo con la belleza en escayola. La belleza reproducida en belleza. La belleza resuelta desde la belleza. La belleza que no más puede generar belleza. Regenerarse.

Solo. Otra vez. Otra luz he visitado el Museo. Yo solo. Con la belleza. Una iglesia desacralizada. Restauración exacta. Prodigio en el cielo de los muros. Prodigio en las vidrieras. Formidable la piedra. La iglesia secularizada. Sin embargo, dios está. Seguro. Dios aquí sí que está. Solo. Yo. Con ella. Con él. Otra luz.

lunes, 29 de julio de 2019

Maestro Gamoneda

El profesor de la Cruz con Antonio Gamoneda
El pasado mes de mayo, en el marco de la Facultad de Letras de la Universidad del País Vasco (UPV-EHU), que celebraba el "Festival de Poetas en Mayo", se produjo un encuentro entre dos poetas: el ovetense o carbayón Antonio Gamoneda, Premio Cervantes 2006, y el profesor de literatura, y poeta Juan L. de la Cruz Ramos, autor de esta bitácora. Éste es el texto que ha preparado sobre esta feliz coincidencia:


Cuando dos poetas se encuentran en el camino, fueran quienes fueran -no importa su altura, su relumbrón, su pena-, uno siempre es maestro y el otro siempre es aprendiz. El maestro sabe. Lo sabe -casi- todo. El aprendiz pregunta. Le pregunta. Le acosa süave. Y, entonces, entre ambos, fluye. Trasparente. Fluye...


domingo, 28 de julio de 2019

PoesíApp: Cuenca soñada y despierta

La belleza de Cuenca exige una resolución metafísica. Cuenca existe. Debe existir. Sería una crueldad estética que un requiebro así no existiera. Cuenca existe. Una belleza como la suya debe ser. Pero Cuenca está dormida. Cuenca se permanece durmiendo. Su belleza es onírica. No hay nadie despierto en Cuenca. Todos duermen. Cuenca sólo se puede soñar. Su belleza es una ilusión. Cuenca no más se puede habitar que ilusionadamente. Todos los soñadores la residen.

martes, 14 de mayo de 2019

PoesíApp: La Cuidadora


Ella. Es ella. Ella es la protagonista de este poema. Del poema. Ella. La cuidadora. Lava al desahuciado. Que apesta. Protege al abuelo miedoso. Es decir, al hombre. Cuidado no es otra rosa que amor. Ella. Es ella. La cuidadora. Bella en su campechanía. Honda en superficialidad. Porque su superficie toda es mimar la fragilidad. No es culta. Pero sabe al débil. Y yo la estoy poniendo en libro. Ahora. Ahora mismo. Sabe gritar el decibelio justo al viejo sordo. Sabe la caricia máxima al moribundo. Sabe la cucharada exacta del hambriento.  Del hambriento de amor. Ella. Es ella.  La protagonista del poema. La cuidadora. Rodeada de muerte. Merodeada. Perdedora. Claro. Perdedora. Siempre perdedora. La otra gana siempre. Pero ella es constante. Constante. Su cuidado constante más acá.

jueves, 11 de abril de 2019

PoesíApp: Café con hielo


Para muchos -para casi todos- es un crimen culinario. Para mí -tal bien sólo para mí- se me encapricha una exquisitez. Empedrar el café solo y negro con unas tantas rocas de hielo. 

Se me encapricha un arte helar de súbito la cremosidad  negra y sola. Sabiendo permanecer la espesura. Y beber de inmediato negrura crema helada. Sin admitir nunca el aguachirle. Se me encapricha un arte resolver amargura líquida en negra flor y nata piedra fría. Será criminal. Anormal. Pero no otra losa se me encapricha la vida.

viernes, 22 de febrero de 2019

PoesíApp: El túnel


Estar sin estar en el túnel. Saber que estás en él a sabiendas, cierto, de que estás fuera. Saberte oscuro y no tener duda de que clareas y de que aclaras. La certeza negra y la conciencia cándida al mismo verso. No encontrar. No poder. No poder encontrar la salida y, a las seis, pernanecerte exterior en la relativa libertad de que el hombre es rapaz. Estar sin estar en el túnel. Vivir estando y no estando. Así. Hoy.

domingo, 3 de febrero de 2019

PoesíApp: "Mi madre"

No pude conseguirlo. Me hubiera rozado que mi madre hubiera podido visitarla. Que mi madre hubiera podido visitar ésta mi ultima casa. Esta casa en la que envejezco. Pero no pude conseguirlo. Mi madre murió hace unos doscientos años. Se devana muy lento, muy largo, el tiempo, sin una madre. Ayer ya no aguantaba más. Yo. Ya no aguardaba mar. Y decidí invitarla. La amá, claro, aceptó. Encantada. Muertemente encantada. Al encantamiento visitó mi casa. Ésta en la que envejezco. Era curiosa. Era curioso que mi madre se permaneciera más joven. Más joven que yo. Vino en plétora de peinado y tacones. Bellísima. Muertemente bellísima. Lo escrutaba todo. Todo le gustaba. Mi casa de viejo le placía. Su oropel y su soledad. Cuando iba a enseñarle mi dormitorio abigarrado y soltero ya no estaba. Sabía. Sabia. Mi madre.

martes, 15 de enero de 2019

PoesíApp: Soñar en blanco y negro


Por ladrones que roto el mundo sabe desde que cumplí cincuenta soy un hombre trágico. Antes era nada a penas que sólo un hombre. Que es decir lo mismo. Un hombre trágico. Soy. Como hombre mágico por las noches verdes sueño negro. En negativo. Sueño sueños en blancoynegro sólo negros. En negro. En negativo negro. Sueños en los que, perdido -claro-, no sólo me pierdo. Sino que pierdo. Siempre pierdo. Sueños en negativo negro en los que siempre pierdo. Mi instinto de hombre trágico,  mágico, me ha hecho -a pecho- desarrollar un mecanismo de defensa.  En el betún de las noches descalzas soy capaz de despertarme a voluntad. En lo más insoportable. Soy capaz de gestionar mi despertación cuando ya mi tragedia no se soporta más. Soy capaz de romper el sueño. De discontinuarlo. De volver. Soy capaz de matarme como soñador y volcarme. A la vigilia también insoportable. Para poder soportarlo. Soportarme.

viernes, 4 de enero de 2019

PoesíApp: ¿Por qué Federico llevaba pajarita?

En mi Biblioteca hay infinidad de libros. Hay un infinito en libros. Hoy deseo librear uno. 

Por las mañanas, recién levantado, me ejercito. En mi Biblioteca. Me ejercito. Engañadoramente. Una suerte de filia física entre la gimnasia para ancianos y la ancianidad titiritera. Al final de la ímproba tabla atlética me apoyo exhausto en una mesa sobre la que aterriza él. El libro. El libro de Federico. 

Por las mañanas, todas las mañanas, recién ejercitado, sonrío a su portada. Sonrío a la portada desde la que Federico... Desde la que Federico se contorsiona. Ataviado con un terno. La mano derecha impulsiva. En alza. La izquierda abajada, asida a un bastón. No un bastón de mando. De canto. Un bastón de canto. Federico. Con su terno. En salto. Saltando. Contorsionado. Con su pajarita. No está saltando Federico. En verdad no está saltando. Con su pajarita al cuello -pájaro al cielo, claro- Federico no está saltando. Volando. Federico está volando. En la portada de mi libro. Y siempre. Como siempre. Federico siempre volando.

Por las mañanas. Todas las mañanas. Yo. Exhausto.

lunes, 31 de diciembre de 2018

PoesíApp: Champán


Mandarina. Chocolate. Dos bolas heladas. Dos bolas de helado. Sabor álgido en boca. Frío de fruta y frío de cacao. El champán. De repente. A su irrupción en espuma irreverente -también helada- el paladar se congestiona. El champán enfatiza al mismo tiempo dulzura y amargor. Como una explosión de gustos. Como una contradicción de amores. Qué sutil. El champán. 

Feliz Año 2019 a todos mis lectores, con mi agradecimiento por su generoso seguimiento de estas páginas.