jueves, 16 de julio de 2020

PoesíApp: La tristeza del poeta

El filósofo, cuando despliega su infantería, prioriza la causa sobre el efecto. El poeta -pueril por necesidad, adolescente definitivo, azul roto-; el poeta, digo, sabe -ay, sabe- que lo fundamental, lo fundacional, es el efecto. Sabe que al hombre triste -perdón por la redundancia- le duele sólo, todo, su tristura. No la razón de su tortura. Sino la pura tortura. Ésa. La tristeza.

PoesíApp: 58 penas

Ella se me murió hace -deshizo- cincuenta y ocho daños. Que se me murió. Tal vez fui yo quien me muriera. Yo, tal vez. Y ella perviviera, se permaneciera. Tal vez soy yo el que deshace, el que se ha deshecho en las últimas cincuenta y ocho penas, exactamente muerto, esperando. Solo. Y, solamente, esperándola...

domingo, 21 de junio de 2020

PoesíApp: La tragedia bella

Tú sabes. De la tragedia. También de la Poesía -cimas, simas- entre tanta... Pues eso. El hombre aguanta. El poeta aprieta. Los dos, heridos, intentan...

PoesíApp: El balance

Cuando uno llega a un cielo -hielo, tal vez, quiero decir- en que la edad ya no puede esperar. Cuando uno llega tan lejos -viejo, quizá, me atrevo a fingir-, uno se abisma al balance. A su riesgo. Uno -tan lejos, tan viejo- concluye que, acaso, no merece la arena. Que nunca disfrutó de la playa. Que nunca el mar le bañó de tierra. Uno -tan viejo, tan lejos-, desde su prudencia, concluye que, a lo peor, lo mejor es no ejercer balance. Que, a lo error, ojalá -incluso- no haber vivido. Para qué. Para llegar -no llegar, seguramente, quiero decir- solo, sin acento, a ser distancia.

sábado, 6 de junio de 2020

PoesíApp: La puerta

Vendo la absoluta certeza. Estaba. La había. Aquí. La puerta. Yo la abría una y otra piel. La entraba. La salía. Me traspasaba. Vendo la certidumbre de su estancia. De su esencia. De mi fluencia. Aquí. La había. Y, sin encargo, ahora, donde había ya no me hay. Me cancela.

PoesíApp: La palabra

La palabra, cuando menos, es algo. Me resta, donde más, ese conduelo. Algo. A lo peor se me multiplica. Ese algo inerte de esa palabra. Ésta. Vacío. Esta palabra que es un hueco. Un intervalo. Me resta.

Ella. Otra vez. 

Ella siempre. Me ha dejado un roto más. Mi gira es dejarme. Ella. Dejarme. A pocos. No una dejación constante. No. Constante. Sí. Una dejada. Una dejada constante. Un roto añadido. Más.

Así que sólo me resta la palabra. Ya es algo. Me consuelo. La maldita palabra hueco. O qué edad. Ésta. Vacío.

sábado, 16 de mayo de 2020

PoesíApp: Hace un año

Hace un año. Otro hoy. Justo ahora. Doce otras. Eran las doce en vilo.Vestido de amaranto y oro -ojalá-, mi coche negro zaino abandonó, volando, raso, la plaza. Ni el tiempo ni la autoridad la permitieron. La muerte. Y, sin embargo, yo, vestido de llanto y lloro, yo, un aparte, se quedó. Allí. En la mediana. Fuera de la plaza. Para vientre.

PoesíApp: Se necesita contador de estrellas

Discreta. Asustadamente. El periódico lo publicaba. El anuncio. La oferta. De estrellas. Contador de estrellas. Se necesita contador de estrellas. Y una dirección: Solomar, novecientos, ático derroche. Con discreción. Con miedo. Acudí. Me atendieron. Solícitos. De noche, claro. Hay que contarlas de noche. A cada contador se le adjudica una parcela de negro, de cielo negro, de cielo noche. Y cuenta. Estrellas. Todas las que pueda de entre el sarampión estelar de su parcela. No hay retribución. El sueldo de cada contable es el formidable. El propio infinito de su cómputo. Asustado. Discreto.

Pod-esía: Me persiguen



Texto recitado:

No sé en la otra parte. Pero en esta parte del tiempo me he percatado de que me siguen. Con constancia. Con arrogancia. Con discreción. Me he percatado. Pero no he visto. No les veo. Me persiguen como la leche a su vaca. Me persiguen süave, blancamente. Y esa persecución delicada, feroz, me canta miedo. No sé en la otra parte. Pero en esta parte del tiempo -todo el tiempo-, miedo.


Poesía: Juan L. de la Cruz Ramos

Edición audio: Gorka Zumeta

Música: Tangerine Dream

martes, 5 de mayo de 2020

Pod-esía La Corona

Recitado de esta poesía a cargo de la poeta Ángela Mallén, con música de Dominique Charpentier



Texto recitado:


La Corona me ha prohibido. Me lo ha prohibido. Besarte. Siempre hay un mito viejo, recto, que prohibe. Me ha prohibido rozarte. La Corona. Antes. Antes de que se atreva con la palabra. Que lo hará. Antes de que se atreva, te remito este vocablo embarazado, esta boca preñada con que te hablo. Te remito esta voz encinta -beso-, plena de jugos y de sierras y de chispas y de chimeletas. Te remito en desafío -me la va a prohibir, la Corona-, te remito, abracadabra, la palabra. Beso.