sábado, 19 de septiembre de 2020

Poemas despacio: Planta falsa

No puede ser. A la planta falsa, de plástico verduzco, de artificio sin fuego, algunos brotes le han nacido. No en este poema. Sino en su verdad de planta mentirosa. En su realidad -viva, muerta- postiza. Ilegítima. Perpetua. No puede ser. Entiendo que no puede ser. Pero ha sido.

 

Poemas despacio: Ausencia

Es de porcelana. De caolín. De besos, quizá. De un barro cuasi transparente. Cayó. Se cayó. Alguien la tirara. Acaso. Rota ya, no encuentro -no hay, seguro- aglutinante alguno, misericorde. No hay cuidado. Certeza. No hay.

Poemas despacio: Bebidas

Me gustan las bebidas frías. Aguas tónicas. Frutas efervescentes. Espumosos vinos. Licores álgidos. Me gusta el hielo. En boca. Congelar el paladar. Refrigerar la garganta. Placer. Un placer glacial para mí. El frío.

Lo que nunca hubiera supuesto es que, negro, descendiera al corazón.


martes, 25 de agosto de 2020

PoesíApp: Antropología

El hombre...
La Antropología es la Ciencia que estudia la Fragilidad. De acuerdo a sus investigaciones el hombre fue largamente un cuadrúpedo. Gateaba, pues. En algún momento, devanado por su fervor de ascensión, se irguió. Desafió, levantisco, sobre dos inestables piernas. Aunque, muy probablemente, de una u otra miseria, persistió gateando. La Antropología es la Ciencia de la Fragilidad. De acuerdo a sus predicciones el hombre, una vez erguido, muy, muy probablemente -devanado por su fervor de ascensión- despegará. Desarrollará alas. Aunque, mísero de sí, de una u otra torpeza, se persistirá gateando.

jueves, 16 de julio de 2020

PoesíApp: La tristeza del poeta

El filósofo, cuando despliega su infantería, prioriza la causa sobre el efecto. El poeta -pueril por necesidad, adolescente definitivo, azul roto-; el poeta, digo, sabe -ay, sabe- que lo fundamental, lo fundacional, es el efecto. Sabe que al hombre triste -perdón por la redundancia- le duele sólo, todo, su tristura. No la razón de su tortura. Sino la pura tortura. Ésa. La tristeza.

PoesíApp: 58 penas

Ella se me murió hace -deshizo- cincuenta y ocho daños. Que se me murió. Tal vez fui yo quien me muriera. Yo, tal vez. Y ella perviviera, se permaneciera. Tal vez soy yo el que deshace, el que se ha deshecho en las últimas cincuenta y ocho penas, exactamente muerto, esperando. Solo. Y, solamente, esperándola...

domingo, 21 de junio de 2020

PoesíApp: La tragedia bella

Tú sabes. De la tragedia. También de la Poesía -cimas, simas- entre tanta... Pues eso. El hombre aguanta. El poeta aprieta. Los dos, heridos, intentan...

PoesíApp: El balance

Cuando uno llega a un cielo -hielo, tal vez, quiero decir- en que la edad ya no puede esperar. Cuando uno llega tan lejos -viejo, quizá, me atrevo a fingir-, uno se abisma al balance. A su riesgo. Uno -tan lejos, tan viejo- concluye que, acaso, no merece la arena. Que nunca disfrutó de la playa. Que nunca el mar le bañó de tierra. Uno -tan viejo, tan lejos-, desde su prudencia, concluye que, a lo peor, lo mejor es no ejercer balance. Que, a lo error, ojalá -incluso- no haber vivido. Para qué. Para llegar -no llegar, seguramente, quiero decir- solo, sin acento, a ser distancia.

sábado, 6 de junio de 2020

PoesíApp: La puerta

Vendo la absoluta certeza. Estaba. La había. Aquí. La puerta. Yo la abría una y otra piel. La entraba. La salía. Me traspasaba. Vendo la certidumbre de su estancia. De su esencia. De mi fluencia. Aquí. La había. Y, sin encargo, ahora, donde había ya no me hay. Me cancela.

PoesíApp: La palabra

La palabra, cuando menos, es algo. Me resta, donde más, ese conduelo. Algo. A lo peor se me multiplica. Ese algo inerte de esa palabra. Ésta. Vacío. Esta palabra que es un hueco. Un intervalo. Me resta.

Ella. Otra vez. 

Ella siempre. Me ha dejado un roto más. Mi gira es dejarme. Ella. Dejarme. A pocos. No una dejación constante. No. Constante. Sí. Una dejada. Una dejada constante. Un roto añadido. Más.

Así que sólo me resta la palabra. Ya es algo. Me consuelo. La maldita palabra hueco. O qué edad. Ésta. Vacío.