lunes, 25 de noviembre de 2019

26-N: Presentación 'PoesíApp en Vitoria-Gasteiz

El autor, Juan L. de la Cruz Ramos, rodeado de amigos profesores, durante la presentación del poemario
Vitoria-Gasteiz, 26 de noviembre de 2019. Con un Salón de Grados de la Facultad de Filología de la Universidad del País Vasco, en su campus de Vitoria-Gasteiz lleno a rebosar, el profesor Juan L. de la Cruz Ramos fue leyendo ayer tarde algunos de los versos que componían su nuevo libro, ‘PoesíApp’, que se presentaba ante el público para que éste los hiciera suyos.

-¿Qué tres palabras resumirían tus sensaciones en esa presentación, Juan?

-Emoción, comicidad y jondura

-¿Algún momento especial que recuerdes?

-El recuerdo, emocionado, al profesor José Javier Rodríguez, fallecido el pasado mes de septiembre, a la edad de 55 años.

-¿Participantes?

-Muchos profesores, alumnos y algo que siempre me agrada reencontrarme: exalumnos.

Portada
Acompañaron en la mesa de presidencia al autor, el editor, Roberto Lastre,  la poetisa Ángela Mallén y los profesores de la UPV Jesús Camarero, Luis Garagalza y Fernando García Murga.

PoesíApp es un poemario singular, un registro poético al estilo del zuithitsu, pensamientos al vuelo, como el título del libro de Yoshida Kenko, y no por gusto este poemario comienza con un viaje a Japón. Poemas escritos en el teléfonos, enviados por WhatsApp, de ahí el nombre del libro, de ahí la forma espontánea que marca el mínimo espacio, y lo trasciende y lo encanta" (Roberto Lastreeditor).


Puedes leer poesías de este nuevo libro ‘PoesíApp’ en este blog

domingo, 27 de octubre de 2019

PoesíApp: Mi buen hijo


Con indecible alegría -con esta tristeza que digo- iba hacia la habitación. Su cuarto. Estaría dormido. En esa dormición plácida de hijo. De buen hijo. En esa láctea dormición que todo padre le sabe. Mío.

Con indecible expectativa iba yo hacia su dormitorio. Vacío. Maldito no recordar que no está. Que ya no está. Que se ha huido. Que es mayor. Que es doctor. Doctor ya. Lejos. Allá lejos. Doctorcito. Enfermo yo. Maldito no querer recordar que se ha ido. Que se ha marchido.

sábado, 19 de octubre de 2019

PoesíApp: La playa de octubre


Nunca lo había hecho. "Nunca" es palabra grande. Pero no supera una pequeña vida. Yo nunca lo había hecho. Pasear por la orilla de la playa en octubre. Pasearme la orilla sí, muchas veces. Pero pasearla en octubre, no. Nunca. Era bello. Todo era bello. Yo lo era. La orilla lo era. Octubre también. Bello. Mis pies andaban fronterizos. Mar, agua, olas, arenas, azul, cielo, nubes. Mis pies los andaban. Salían y entraban en unas y otros. Solo. Yo solo en la playa. Apenas con octubre. Me paseaba la orilla. Según marchaba hacia El Puntal, mis huellas en dirección oeste. Mis huellas. No duraban. Al regresar por el filo de la orilla hacia La Puebla, mis huellas en dirección este. Tampoco duraban. Al abandonar la playa en octubre no quedaba ningún vestigio. De mí. Mar, agua, olas, arenas, azul, cielo, nubes, persistían. Yo, no. En la playa de octubre yo, no. No me permanecía.

martes, 8 de octubre de 2019

PoesíApp: Fuenteperruna


Sólo en eso. Pero en eso. Equivocados. En lo del mar, no. Pero en eso del perro... Equivocados. En todo lo del mar, acierto pleno. Mientras José Javier moría, mientras se permanecía, mientras se entraba en la mar, Mariajosé y Salvador y Teresa acertaron dándose, dándole orillas. Astrolabios. Mientras José Javier se entraba en la mar.

Pero, eso sí, en lo de que el perro no se haya despedido de su amo, en lo de que el perro no haya podido, no le ladrara su último amor, en eso, solo en eso, Mariajosé y Salvador y Teresa están equivocados.

Los perros tienen su tiempo. Una especie de edad de oro, de siglos de oro caninos paralelos a nuestros relojes. Y José Javier era el dueño y señor de los dorados siglos. Dueño y señor de Zalamea y de aquella casa con dos puertas y -escúchame, Teresa- dueño y señor -amor- de todas las niñas de plata. En ese áureo tiempo al que José Javier pertenece, que José Javier señorea, allí, perros a una, en esa mágica Fuenteovejuna, su perrillo se despidió. Y José Javier jugaba lanzándole mil pelotas en versos clásicos. Y todos los perros -escuchadme esto, Mariajosé y Salvador  y Teresa-, todos los perros de todos los teatros -Quitos, por supuesto; e incluso el perro del hortelano- se han despedido de él. Y es más. Ahí, en ese tiempo de oro, en esa mágica Fuenteperruna, José Javier sigue haciendo. Y le dejan hacer. Sigue siendo. Y le dejan ser.

domingo, 22 de septiembre de 2019

PoesíApp: El maestro ausente


Ausencia. Dobla en el aula un impermeable de pena. No está. Él no está. El maestro. Ya no puede estar. Los otros maestros lo saben. Los alumnos lo saben. Todos y cada uno de los siglos de oro lo saben. Y  los caleidoscopios lo saben. También. El maestro ya no puede estar. La pena reside -zorra- en darse cuenta. Y entonces, justo entonces, en el aula dobla un impermeable de pena. Todos los otros maestros y los alumnos todos y los siglos áureos y los caleidoscopios y todos los versos a una, todos los versos en una -universidad-, rompen, se rompen, rompen a llorar. Un llanto corto. Hondo. Sin estridencias. Justo el llanto. Darse cuenta. El maestro ya no puede. El maestro ya no está.

Homenaje al Profesor José Javier Rodríguez, fallecido el 21 de septiembre de 2019 en Bilbao.

martes, 27 de agosto de 2019

PoesíApp: Madrid llueve


Llueve. Madrid llueve. Esta azul ciudad. Para mí. Azul. Hoy llueve. Me llueve. Estoy contento. Me parece que al madrileño, desacostumbrado, la lluvia le perturba. A mí me hace sentir en casa. Siempre me siento en casa en Madrid. Pero más si cabe cuando Madrid llueve. Porque entonces es un Madrid bilbaino. Que despliega su cortina de agua, de belleza. Es un Madrid entregado. Impúdico. Es un  Madrid húmedo. Pícaramente gris. Casero.

miércoles, 21 de agosto de 2019

PoesíApp: Museo de réplicas

Solo. Otra vez. Otra luz he visitado el Museo. Lo he revivido. De hecho. Lo he resucitado. Porque entre todos -vacío- lo habían muerto. Solo. Yo solo con la belleza en escayola. La belleza reproducida en belleza. La belleza resuelta desde la belleza. La belleza que no más puede generar belleza. Regenerarse.

Solo. Otra vez. Otra luz he visitado el Museo. Yo solo. Con la belleza. Una iglesia desacralizada. Restauración exacta. Prodigio en el cielo de los muros. Prodigio en las vidrieras. Formidable la piedra. La iglesia secularizada. Sin embargo, dios está. Seguro. Dios aquí sí que está. Solo. Yo. Con ella. Con él. Otra luz.

lunes, 29 de julio de 2019

Maestro Gamoneda

El profesor de la Cruz con Antonio Gamoneda
El pasado mes de mayo, en el marco de la Facultad de Letras de la Universidad del País Vasco (UPV-EHU), que celebraba el "Festival de Poetas en Mayo", se produjo un encuentro entre dos poetas: el ovetense o carbayón Antonio Gamoneda, Premio Cervantes 2006, y el profesor de literatura, y poeta Juan L. de la Cruz Ramos, autor de esta bitácora. Éste es el texto que ha preparado sobre esta feliz coincidencia:


Cuando dos poetas se encuentran en el camino, fueran quienes fueran -no importa su altura, su relumbrón, su pena-, uno siempre es maestro y el otro siempre es aprendiz. El maestro sabe. Lo sabe -casi- todo. El aprendiz pregunta. Le pregunta. Le acosa süave. Y, entonces, entre ambos, fluye. Trasparente. Fluye...


domingo, 28 de julio de 2019

PoesíApp: Cuenca soñada y despierta

La belleza de Cuenca exige una resolución metafísica. Cuenca existe. Debe existir. Sería una crueldad estética que un requiebro así no existiera. Cuenca existe. Una belleza como la suya debe ser. Pero Cuenca está dormida. Cuenca se permanece durmiendo. Su belleza es onírica. No hay nadie despierto en Cuenca. Todos duermen. Cuenca sólo se puede soñar. Su belleza es una ilusión. Cuenca no más se puede habitar que ilusionadamente. Todos los soñadores la residen.

martes, 14 de mayo de 2019

PoesíApp: La Cuidadora


Ella. Es ella. Ella es la protagonista de este poema. Del poema. Ella. La cuidadora. Lava al desahuciado. Que apesta. Protege al abuelo miedoso. Es decir, al hombre. Cuidado no es otra rosa que amor. Ella. Es ella. La cuidadora. Bella en su campechanía. Honda en superficialidad. Porque su superficie toda es mimar la fragilidad. No es culta. Pero sabe al débil. Y yo la estoy poniendo en libro. Ahora. Ahora mismo. Sabe gritar el decibelio justo al viejo sordo. Sabe la caricia máxima al moribundo. Sabe la cucharada exacta del hambriento.  Del hambriento de amor. Ella. Es ella.  La protagonista del poema. La cuidadora. Rodeada de muerte. Merodeada. Perdedora. Claro. Perdedora. Siempre perdedora. La otra gana siempre. Pero ella es constante. Constante. Su cuidado constante más acá.