lunes, 12 de julio de 2021

PoesíApp: Palabras

No todas las palabras son azul y verde al mismo aliento. No todas ahondan peces y pecios. No todas se explayan y marean acordes con la luna. No todas las palabras, a golpe de voz, restallan -unísonas- cuatro, tres, una sílabas. Ni todas rielan ni gimen -unánimes- al vuelo flamante de un velero. Ni todas sugieren, al mero soplo, bajeles y bergantines y caravelas y caleidoscopios. No todas las palabras cumplen. Acaban. Consuman. Muchas restan. Conrestan. No todas las palabras proponen sublimidad. No todas son verbos y nombres al ritmo, tiempo. No todas lo logran. Cumplir. Acabar. Consumar. No todas navegan infinitas -azul y verde- con su mar.

PoesíApp: Tórtolas

Haciendo puente. Dos. El palomo y la paloma. Titiriteros del amor. En la cornisa. Él, desafiando el equilibrio, eléctrico en su cortocircuito de alas, cortejándola, humillándose, persistente, faldero. Ella, displicente, fríamente caliente, digna. Esta pareja de tórtolos, tan humana. Dos. Pontificando. Amando sin volar.

PoesíApp: Perderse y reencontrarse

Cuentan de un pintor chino que se perdió en su cuadro. Quizá algún emperador o algún mandarín o algún perito o  algún dios le pidiera lo pintara. Él, sin duda, lo realzó  muy por encima, muy lejos de tal solicitud. Lo pinceló tan delicado -el paisaje o lo que riera- que decidió penetrarse en el lienzo, perderse -en verdad, quedarse- en la hermosura. En su hermosura. Creada. Yo, seguro, quisiera perderme en la pena preciosa de mis versos. Quedarme ahí. Suicidarme en mi escrita belleza. Pero, enfermo, al contrario, al maldito contrario, nunca me pierdo en mis poemas. Me encuentro.

PoesíApp: Reglamento

En una ciudad del norte. Verdegrís. Dinero. Franquicias. A docenas. Ropa barata. Estadio. Higiene. Todobar. Tranvía superferolítico. Puntualísimo. Inútil. Cuyo reglamento -la urbe, pulquérrima, asolada por la peste- advierte: 1) Póngase la mascarilla 2) Mantenga la distancia de seguridad 3) Lávese con frecuencia las manos 4) Guarde silencio: Durante el trayecto no hable con los demás viajeros...

Por fin. Queda, ya, expresamente advertido: Silencio.  Durante el viaje de la vida -limpias las manos- no hable con el otro.

viernes, 25 de junio de 2021

PoesíApp: Relojes venerables

Desplegados por mi casa varios siglos de relojes antiguos. Ninguno funciona. O quizá sí. Quizá funcionen todos. Por algún capricho cronométrico marcan, unánimes, la misma rosa. No sé. Las siete, pongamos por amenaza. Iluso, a veces me convenzo de que me demoro en esas siete en punta eterna. Perspicaz, me sorprendo de cuánta pena cabe en una puñetera hora insoportablemente dilatada.

PoesíApp: El dulzor del nutricionista

Me reía. Escuchaba por la radio a un nutricionista. Así se decía el petulante. Nutricionista. Sabrá el pobre diablo lo que precisa la condición humana para nutrirse. Nada menos. Me reía, yo. Él, muy, muy arrogante, insistía hasta el amargor en que el azúcar es perniciosa. Yo me reía, mísero. Sabio. Hace años, muchos, que no he probado, que me rehúye el dulzor.

PoesíApp: El tranvía

Me acuciaba. Lo había apetecido mucho tiento. Ayer por fin me colmé. El tranvía. De siempre me había fascinado el tranvía. Y su metáfora. Ayer por fin me satisfice. Lo hice. Me apeé una parada antes de lo que debiera. Y cumplí el envite. Desafiar al semoviente eléctrico. Retarlo desde fuera. Desde su fuera. Por supuesto corría más que yo. Cualquiera corre más que yo. Pero, altanero, yo lo perseguía, jadeante mi alma, sin humillación. La máquina se mantenía fiel a sus raíles. Yo, paralelo, me mantenía constante en su parangón. Ni él podía abandonar su vía ni yo quería traicionar la mía. Nuestra vida. Me ganaba. Claro. Acentuaba la distancia. Poderoso. Artefacto. Estrépito.

Modesta. Humanamente me empeñaba yo en el desafío. El tranvía llegó primero a su última parada. Exhausto, perdedor, tesonero, arribé después, muerto. De cansancio. De ajetreo. Casi muerto. De molimiento. Pero cuál no fue mi indemnización, mi regodeo, al prolongar mi carrera -exhausto, casi muerto- más allá de su estación término.

PoesíApp: Azulete

De seguro ya no será. Han transcurrido tantos años insolentes, reicidas, como para que ya no sea... En mi infancia, para zarquear la colada blanca, mi madre y la tata lo usaban. Azulete. Una suerte de polvillos iris que matizaban la albura de sábanas y toallas y manteles mancillados en el fragor de la mesa. El azulete eleganteaba el blanco pulcro con una süave nota de cielo. Azul ascendente y tenue.

De seguro ya no será. El azulete. Ya no será. Ya me gustaría que fueran hoy en día unos polvillos a cuyo sortilegio yo mismo me azulara, tenue y ascendente. Y pudiera, elegante y zarco, volar.

jueves, 27 de mayo de 2021

PoesíApp: El ángel negro

Siempre hay alguien. Que me advierte. Siempre un ángel negro. Chafador. Amenaza, me dice. Te amenaza un ácido que es como si fuera un gusano. O la muerte mismísima. La muerte. Un ácido amenaza, me amenaza, maldito. Perseverante. Transparente, corroe en ejercicio el papel de mis libros. Todo el papel. De todos los míos. Pausada. Sosegadamente. El ángel negro me ha advertido. Metódica. Implacablemente el ácido oxida, oxidará. Cada verso. Cada una de mis glosas. Cada página. La íntegra biblioteca de mi vida. Nada. No quedará nada. Polvo. Algunas desperdigadas letras heridas. Nada. No quedará nada. Todo lo que yo he leído. Todo lo que yo. Todo yo. Nada. No quedará nada. Ácido.

domingo, 25 de abril de 2021

PoesíApp: El tobogán

No recuerdo, hoy, haber escalado el tobogán. No lo recuerdo. Es más. No tengo edad para estas naderías. No pierdo mi tiempo. Ya. Sé de seguro que la vida, ruda, ya no me dura. De seguro sé que  el lapso ya se me tira. Me tira. Me evita. El lapso. A mí. No recuerdo haber ascendido este inhiesto, embalado tobogán que me dispara, este desalado tobogán por el que, cuasi eterno, pronto acantilado, solo, hoy, me entretengo en descender.