viernes, 2 de abril de 2021

PoesíApp: Adelilla

El desaparecimiento de Adelilla corrió como la canela. Por la clínica. Adelilla no estaba, ya, en su habitación. ¿Dónde estaba Adelilla? Trece años. Lirio. Promesa. Quiebra. El Doctor, claro, también se había enterado. De hecho, el Doctor Claro era uno de sus médicos. ¡Pobre Adelilla experimento! Al ingresar en su despacho el Doctor no se percató. Pero, en seguida, al llanto del viento, reparó en el almario. Entreabierto. En la balda más baja, ovillada sobre sí, Adelilla -trece años- se ocultaba mostrándose. Se escondía exponiéndose al Doctor. Éste, Claro, testigo de fragilidad tanta, impotente en su Título Académico, no sabía qué. No sabía cómo. No sabía claro si Adelilla -canela, alma, ovillo- necesitaba un médico o un repostero o un poeta o un pastorcillo o un acordeón o un caleidoscopio o una zalema o...

PoesíApp: Las peluquerías del cielo

Hoy, han colapsado las Peluquerías del Cielo. Hoy, ninguna otra estrella -¡Dios suyo!- ha accedido a peinarse. Imposible. Hoy, nonagésimo nono cumpleaños de la amá, los estilistas todos de las cohortes cenitales se han empeñado. Se han esmerado en lavar y en marcar y en cardar y en requetemoldear el tocado materno. Hasta lograr que rizos retadores y circunvoluciones y piruvueltas exactas satisficieran la perfección, la escultura impecable requerida por la modelo. No podía ser menos: Noventa y nueve años de irresignable coquetería.

viernes, 15 de enero de 2021

PoesíApp: Tuero

No mi naturaleza humana, sino la otra, la inhumana, la naturaleza que se dice madre, mi enemiga -en palabra exacta-, llama TUERO al madero último, tal vez primero, de la pira en la chimenea. El tuero es el leño basar, el leño que se permanece encendido leño, el que -hondo- cobija la brasa, el que, dice la mala natura, jamás ceja en arder, el leño rescoldo que, en imposible prodigio, clueco, embarazado siempre de fuego, se quema eternamente sin quemar su eterna madera, sin quemar su substancia eterna, ésta sí, de madera madre. Mi humana naturaleza me dice que yo, poeta achicharrado, no soy, no puedo ser, nunca seré, tuero.

PoesíApp: Dr. Sloan

Sin éxito. Me lo he aplicado tal cual reza el prospecto. Con esperanzada persistencia. Sin éxito. Como presuponía, no me ha surtido efecto. En el alma. La he sometido a tenaces, conspiradoras fricciones. Le he aplicado abundante género oleoso. A mi alma. Abundante linimento matadolores. Abundante ungüento con pretensión de panacea. Fiebre, el alma me ha ardido. Pero no se ha quemado la reuma de su pena. Ni la trementina, ni la picante cayena, ni el sasafrás, ni el alcanfor milagrosos la han curado. La contractura de mi alma. Resistente al tratamiento. Impertérrita. Inaccesible a bálsamo cualesquiera.

PoesíApp: Ser ola

Quizá, mucho peor que ser Juan me hubiera sido ser ola. Humedad y salumbre, las olas nacen sin saber delimitar exactamente dónde. Vagan, yerran cuasi eternas. E, irremisibles, rompen, se rompen. Acecha -vientre- una orilla traicionera.

Pensándolo ruin, quizá mucho más que ser Juan me he sido, perpetuo -humedad y salmuera-, ola.

lunes, 7 de diciembre de 2020

PoesíApp: Certificado

Murió enfermo de sus poemas. Sigue viviendo. Claro. Viviendo vivo,  enfermo, imperfecto.  Interfecto. 

Se comportó muy amablemente, en verdad. La funcionaria del Registro. Cuando el poeta -soledumbre, sólo lumbre, sombra sola- solicitó su Certificado de Defunción. La funcionaria se sorprendió, clara. Pero, en los ojos de aquel enfermo, de aquel muerto vitalicio, detectó tanta prieta luz, tanta ciencia, que accedió sin rechistar a extenderlo. El Certificado. Nombre: Fulano De Paz, De Guerra. Causa del deceso: Estar. Fecha: Ahora y Siempre. Firmado y rubricado.

PoesíApp: Pena

Ingenua y osada a la vez, cierta -falsa- doctrina filosófica sostiene que la cosa -la que sea, que ya es sostenella-; que la cosa, digo, dice la filosófica doctrina, no existe si no tiene nombre. Yo acarreo una suerte de pena, un destino de pena para el que tal superlativo absoluto -pena- no es suficiente. Mi pena es mucho más que la pena negra. Mucho más que una atroz pena. Es mucho más allá que un nombre, ésa, mi pena anónima, maldita -victoria pura-; esa pena mía que me acarrea.

PoesíApp: Ola

Quizá, mucho peor que ser Juan me hubiera sido ser ola. Humedad y salumbre, las olas nacen sin saber delimitar exactamente dónde. Vagan, yerran cuasi eternas. E, irremisibles, rompen, se rompen. Acecha -vientre- una orilla traicionera.

Pensándolo ruin, quizá mucho más que ser Juan me he sido, perpetuo -humedad y salmuera-, ola.

lunes, 2 de noviembre de 2020

PoesíApp: Volver

Volver. Se apellidaba Volver. El profesor que explicaba mi adolescencia. Que explicaba Física. El maestro. Volver. Me explicaba que había un lugar -un hogar, un soñar-, un solo lugar desubicado donde la Ley de la Gravedad era inversa. Donde la fuerza no se empeñaba en hacer caer sino que se cuidaba en ascender. Un solo lugar desubicado donde desplomarse se resolvía -se rebeldía- en alzarse. En remontar.  Donde lo grave era elevarse.  Jamás, claro, he logrado ubicar ese lugar transgresor. Pirata. Jamás, claro, tampoco, he logrado reencontrarle. Jamás me ha regresado. Volver.

sábado, 19 de septiembre de 2020

Poemas despacio: Planta falsa

No puede ser. A la planta falsa, de plástico verduzco, de artificio sin fuego, algunos brotes le han nacido. No en este poema. Sino en su verdad de planta mentirosa. En su realidad -viva, muerta- postiza. Ilegítima. Perpetua. No puede ser. Entiendo que no puede ser. Pero ha sido.