martes, 25 de julio de 2023

PoesíApp: La imperfección

Pexels (Elif Deniz Karabacak)

Según se dice -parece dicho por expertos en matemáticas, aritmética y geometría-, a todo lo largo y ancho del universo no hay ni una sola figura perfecta. Según dicen, es imposible para el mundo un triángulo, un cuadrado, una circunferencia perfectos. Tan sólo en un orbe ideal sería factible el completo primor formal. Sin embargo, el poeta -experto en humanidad- sabe, sabe, que cada hombre está irreprochablemente terminado. Consumado. Es miserablemente cabal. Absoluto. Frágil. Exacto. Cada hombre.

PoesíApp: Colección de crucificados

Pexels (Piotr Arnoldes)

Comprendiéndolo, nunca lo he entendido. El panteísmo. El pancristeísmo. Que Jesús, que es quien me importa, esté por todos lados, en todos los campos. Hace sólo unos días resolví un tanto más esta mi perplejidad. 

Sala del museo. Colección de crucificados. Marfil. Mi sorpresa: en el colmillo fálico de un grotesco animal bueno, de un animal gigante, esperpento, se permanece agazapado, Él, aguardando el albur del artesano, del escultor, del hacedero. En el colmillo reposan, expectantes, sin saberlo, el pudoroso paño, el exquisito paño, las piernas quebradas, los pies en puro desperfecto, las manos taladradas, los brazos universo, la herida del costado, la anémica tablazón del pecho, el tórax deshinchado, el corazón perpetuo, el rostro -sangre, perdón, miedo-, la frente espinosa, la afrenta de tanto cuerpo detenido en ese exacto  muriendo. Todo eso -pancristeísmo- en el colmillo fálico de un grotesco animal bueno.

PoesíApp: El Tiempo

Pexels (Julia Volk)

El monasterio milenario. Cueva. Piedra. Azul. Y versos. Todo leve. Todo pesa. Tanto tiempo. Nacimiento. Muerte y nacimiento. Le nacen lenguas al monasterio. Pero, sin cese, la muerte: muerte tras muerte de monjes y legos. Escritura y muerte de manuscritos y rezos. Arte y muerte conviviendo. Perdurando, el tiempo. Solo. El tiempo. En el atrio, incógnitas, tres tumbas. Trinidad de polvo, amnesia,  desprecio. Tres reinas eternamente cero. Anónimas. Anémicas. Tres tumbas apenas asiento para visitantes viejos. ¡Ay! El tiempo. Cómo se burla de la realeza y de la belleza y de Dios. ¡Ay! El tiempo. Vértigo...

PoesíApp: Melitón y Albina

Pexels

No los conocí nunca. Tal vez, sin embargo, los he reconocido siempre. La esencia, el miedo. Ya su nombre -abejas, música y candidez- era un verso. Un hexasílabo íntegro. Un cuadrado perfecto. Se llamaban Melitón y Albina como se podrían haber llamado libélula y vuelo. Su vida: hambre, orinales, ovejas y, por fin, dinero. Él, pastor büeno. Ella, pobre eterno. Ambos olían, siempre olieron, a lechuga, a tomate y a heno. Por fin, con su dinero -limpio, misérrimo-, compraron el cielo...