Hace un año. Otro hoy. Justo ahora. Doce otras. Eran las doce en vilo.Vestido de amaranto y oro -ojalá-, mi coche negro zaino abandonó, volando, raso, la plaza. Ni el tiempo ni la autoridad la permitieron. La muerte. Y, sin embargo, yo, vestido de llanto y lloro, yo, un aparte, se quedó. Allí. En la mediana. Fuera de la plaza. Para vientre.
sábado, 16 de mayo de 2020
PoesíApp: Se necesita contador de estrellas
Discreta. Asustadamente. El periódico lo publicaba. El anuncio. La oferta. De estrellas. Contador de estrellas. Se necesita contador de estrellas. Y una dirección: Solomar, novecientos, ático derroche. Con discreción. Con miedo. Acudí. Me atendieron. Solícitos. De noche, claro. Hay que contarlas de noche. A cada contador se le adjudica una parcela de negro, de cielo negro, de cielo noche. Y cuenta. Estrellas. Todas las que pueda de entre el sarampión estelar de su parcela. No hay retribución. El sueldo de cada contable es el formidable. El propio infinito de su cómputo. Asustado. Discreto.
Pod-esía: Me persiguen
Texto recitado:
No sé en la otra parte. Pero en esta parte del tiempo me he percatado de que me siguen. Con constancia. Con arrogancia. Con discreción. Me he percatado. Pero no he visto. No les veo. Me persiguen como la leche a su vaca. Me persiguen süave, blancamente. Y esa persecución delicada, feroz, me canta miedo. No sé en la otra parte. Pero en esta parte del tiempo -todo el tiempo-, miedo.
Poesía: Juan L. de la Cruz Ramos
Edición audio: Gorka Zumeta
Música: Tangerine Dream
Poesía: Juan L. de la Cruz Ramos
Edición audio: Gorka Zumeta
Música: Tangerine Dream
martes, 5 de mayo de 2020
Pod-esía La Corona
Recitado de esta poesía a cargo de la poeta Ángela Mallén, con música de Dominique Charpentier
Texto recitado:
La Corona me ha prohibido. Me lo ha prohibido. Besarte. Siempre hay un mito viejo, recto, que prohibe. Me ha prohibido rozarte. La Corona. Antes. Antes de que se atreva con la palabra. Que lo hará. Antes de que se atreva, te remito este vocablo embarazado, esta boca preñada con que te hablo. Te remito esta voz encinta -beso-, plena de jugos y de sierras y de chispas y de chimeletas. Te remito en desafío -me la va a prohibir, la Corona-, te remito, abracadabra, la palabra. Beso.
sábado, 2 de mayo de 2020
PoesíApp: El Poder
No sólo los españoles nos equivocamos. También los albaceteños. O los siux. O los ingleses, por ejemplo. Filósofo. Empirista. Tolerante. A veces sí. A veces no. Dijo algo así como que el Poder no debe ordenar la práctica de ningún vicio...
Pero, ¡hombre! Si hay algo que está claro, que para mí está claro -no hace falta ser ni filósofo ni empirista-; si hay algo que está claro es que el Poder es Poder porque fomenta todos los vicios. Consumismo. Ignorancia. Mousse de chocolate. En Albacete. Entre los siux. En Londres...
El Poder en sí mismo es un vicio.
domingo, 26 de abril de 2020
PoesíApp: Pudiendo haber sido...
Pudiendo haber sido especia (alcaravea, junípero, tamarindo). Pudiendo haber sido flor (buganvilla, caléndula, dondiego de noche; de día, heliconia). Pudiendo haber sido hambre satisfecha (altramuces, cacahuetes, vainita blanda). Pudiendo haber sido hierba (cilantro, perifollo, salvia). Pudiendo haber sido verde (escarola, jengibre). Haber sido... Quisiera ser jardín, huerta, campo. No piel cancerosa ni estenosis del amor ni tuétano de soledad. Pudiendo haber sido...
viernes, 17 de abril de 2020
PoesíApp: Decepción
Señor: He viajado hasta lo hondo de mi pluma. Hasta la mina del alma. Requiriéndote. He culminado. Porque mi peregrinaje -decepción- ha sido, claro, un claro viaje vertical. No exactamente de verticalidad ascendida. Sino de perpendicularidad penetrante. Me he escalado entrando. Entrándome. Como si fuera un viaje horizontal y alpinista e interno. He accedido a la cumbre, a mi cumbre, dentro. Decepción. La peregrinación, clara, ha merecido tanta, tanta pena. Ya la he culminado, Señor. No te he encontrado. En mi cima. Dentro. No estabas. Es cierto, Señor. No me estabas, dentro. Pero -decepción- lo que he descubierto... Lo que he revelado -tanta pena- no es que no me estuvieras. Lo que he abierto es que sí. Que podrías estar. Que tal vez, incluso, quisieras. Estarme. Pero -tanta pena- lo que he manifiesto es que no he ganado. Que no te he ganado. Que no me estás porque no te merezco.
domingo, 12 de abril de 2020
PoesíApp: Estadística
Estaba convencido. Sosegado. Cuando era joven. Cuando era joven vivía ileso. Tenía la convicción -yo no sabía nada de Estadística- de que, por la teoría de la probabilidad -yo no sabía nada sobre la probabilidad-, en el cosmos había otras civilizaciones. Tenía que haberlas. En la inconmensurable galaxia de ceros -por teoría de probabilidades- tenían que caber otras vidas símil humanas. Cuando era joven.
Ahora la Estadística me es una fidelidad fraudulenta y la probabilidad ya no me existe. Ahora -sosegado, cierto-, vivo en la convicción de que no. De que en el cosmos no hay otros hombres. De que en el cosmos no cabe tanto caos. Vivo en la convicción de la redonda, adelante soledad.
PoesíApp: El sobre volador
Un poeta granate de mediados del siglo pasado me nombró su albacea. Sabía que había leído todos sus versos. Sabía que, incluso, algunos de sus versos los hubiera escrito yo. Me gustaría haberlos escrito. Lo sabía. En su testamento, que cuidé, que cuidé se cumpliera al pie de la tierra, me legó un sobre. Un sobre de aquéllos de aquel siglo. Correo postal aéreo. Tafileteado en discontinuos azul y rojo. Un sobre volador... Dentro, como una nube, en papel de carta de grueso gramaje, en letra de estilográfica, me llovía, póstumo: "Acepté vivir para ser brezado por Ella. Pero nunca... Cuando finalmente llegó, Ella era la Otra". Ese verso no se lo había leído. Nunca. Pero todos los días lo escribo.
viernes, 20 de marzo de 2020
PoesíApp: Casi sesenta años de venas
Exhausta, hasta la orilla de mármol del lavabo ha arribado.
Náufraga. No sé cómo. Pero esa mi ignorancia no importa. Esto es un cuento. El
mar del fingimiento. Exhausta. Alguna ola sabia, onda, misericorde, me la ha
arrimado. A la encimera de mármol del lavabo. Una botella verde. Claro. Una
botella oscura de verde. Verdeoscura. Náufraga de algún otro relato. Náufraga
de algún poeta otro. Que la lanzara, él también, al fingimiento del mar. Casi
sin respiración, exhausta, la botella me ha arribado, claro, cerrada. La he
descorchado. Para que inspirara. Y en el cristal de su vientre, como no podía
ser de otra marina, abrigaba un mensaje. El papel era recio. Humedecido. Calado
de agua viva. Preservadora. El papel escrito...
El idioma era ése. El universal. El de los poetas, el de los
cuentistas. El de los protagonistas de todos los versos. El papel, recio,
escrito por hombre refinado. Temeroso, pues. El mensaje se iniciaba con dos
citas. Cuidadas por los siglos. De Boecio, una: "¡Dichosa muerte, cuando
sin amargar la dulzura de los años buenos, acude si el corazón la llama en su
favor!" De Santa Teresa, la otra: "Venga ya la dulce muerte, el morir
venga ligero". Hombre refinado. El poeta. Escribía, recio, después:
"Lanzo al mar mi pena escrita. La he escrito para quitármela. La lanzo
para, inútilmente, intentar perderla. Como hombre, soy de pena. Casi sesenta
años de venas. Me estoy, ya, molido. Así, derrotado, he charlado con la muerte.
No he pactado. Con Ella. No hemos pactado. Le he rogado que fuera
-dentro- piadosa. Conmigo. Dulce. Ligera. Que me tratara. Ya.
Definitivamente. Pero que lo hiciera solícita. Süave. Que no añadiera
dolor a mi quebranto. Le he rogado a la muerte que me tratara como médica. Que
paliara. Que me paliara y que me llevara, dulce, ligera, al otro lado. Al otro
lado. El lado sin penas..."
La encimera de mármol. Exhausta. Náufraga, la botella.
Refinado, el poeta.
domingo, 15 de marzo de 2020
PoesíApp: Mi rosa
Sí. Ya sé que tantos poetas, todos los poetas, han recurrido
a la metáfora. Ya lo sé. Soy profesor de la rosa. Perito en pétalos. Diestro en
sépalos. Ya lo sé. Que yo lo sepa. Profesor de la rosa... Mi diferencia. La
diferencia es que yo, en este jardín, no lloro de la rosa, no rapto a la rosa.
Sino de mi rosa. Lloro de mi rosa. La mía. Mi rosa exclusiva. Esa sola rosa que
marchita. Que se marcha. Que se me mancha. Esa sola risa -rosa- mía mustia.
Ajada. Añada. A nada. Esa mía rosa sola que el jardinero -yo, el otro- no puede
salvar. Ya. Revivir. No puede. Mi rosa. Pétalo. Sépalo. Sépame. Márchase.
domingo, 8 de marzo de 2020
PoesíApp: Parte meteorológico
(Curioso mal poema. Escrito encontrado por casualidad.
Esmerada caligrafía en un folio fatigado y astroso con marbete de la
Institución. Lo transcribo como cosa rara y por la coincidencia de mi nombre
con el del pendolista)
INSTITUTO EMOCIONAL DE METEOROLOGÍA
Dado que el tiempo se acaba -el tiempo dado se me acaba-,
necesariamente este parte meteorológico debe ser parte, fragmento último de un
pronóstico final.
Pintea en mis nubes. Me alternan altas presiones en el
Antiperdón de las Horrores. Mar de gruesa a muy gruesa azota en la Estaca de
Juanes. Juan soy. Juan sol. Lluevo ácido.
miércoles, 19 de febrero de 2020
PoesíApp: El poeta ciego
Me impresionó. El poeta. Joven. Para mí, muy joven. Ciego. El poeta ciego. Para mí, muy ciego. Me presionó. Sus ojos prietos. El papel blanco. Para mí, muy blanco. Con sus dedos zahoríes leía el oro. En el papel blanco. Para mí, muy blanco. Sólo blanco. Con sus dedos ávidos, que buceaban el hontanar del papel blanco. Para mí, muy seco. El manantial de versos del papel blanco que el poeta ciego -muy joven, para mí- leía ávido. Me impresionó. Los dedos del poeta veían los versos invisibles -para mí, muy invisibles- del papel blanco. Me presionó. Presionó la glándula de mi pena. Presionó la glándula de mi fascinación. Me impresionó aquel poeta joven, aquel poeta ciego cuyos dedos veían versos mágicos en el papel blanco. Para mí, muy blanco. Yo. Muy ciego.
sábado, 8 de febrero de 2020
PoesíApp: Supermercado de poesía
Sabía de las coincidencias. Sabía de poetas que, sin
conocerse -ni en persona, ni en verso-, coincidían en el hallazgo. Sabía que la
Poesía era una. Una y misma. Confiaba -recelando- en su extravagancia.
Confiaba, esta vez, en su originalidad. Sabía que la Poesía era un
supermercado, un supermercado libre, una infinita oferta -exquisita, a
veces; a veces, mero saldo-. Confiaba. Recelaba. Se le había venido.
Sobrevenido. Iluminada. La palabra. Nueva. Dura. Doncella y lila. Confiado
-recelando-, obstinado en su originalidad, la regaló a las estanterías del
colmado lírico. La palabra. Enamorirse. Enamuriéndome.
lunes, 3 de febrero de 2020
PoesíApp: Penurias universitarias
No es por casualidad. Barro. Ya restringieron la sabiduría
hace mucho tiempo. Ahora... Dos meses ha, en la Universidad, tasaron el papel
en los baños. El papel de los baños... Ahora... En la Universidad han limitado
el consumo de agua en lavabos y cisternas. El agua de los baños... Papel. Agua.
Muy pronto, vaticino, racionarán el aire. Me ha parecido entrever mascarillas y
filtros semiescondidos. En la Universidad. Papel. Agua. Aire. Sin duda, el
regreso último de la Universidad será apagar. Extinguir el fuego. No es por
casualidad. Barro. Ya restringieron la sabiduría hace mucho tiempo.
viernes, 17 de enero de 2020
PoesíApp: Alboroque
Hay palabras tan hermosas. En su canción. En su enunciación. En su anuncio. Tan hermosas. Por sí solas. Por sus olas. Por sus alas. Por sus hilos. Tan hermosas. Palabras que merecen un convite. Que ameritan una fiesta. Una celebración. Palabras tan bellas como su acepción. Palabras por sí solas. Que al decirlas. Simplemente por decirlas. Belleza. Alboroque. Esa palabra que merece. Que se merece un banquete -olas, alas, hilos; vino, vuelo, mantelería- para festejarla. Esa palabra. Alboroque. Una fiesta. Su mera pronunciación.
jueves, 2 de enero de 2020
PoesíApp: El periodista
El periodista. Sexagenario. Sólida carrera de compromiso
social. Navidad. Preparado el cuestionario. Exhaustivo. Para ella. Ella. La
pobre mujer. Emigrante. Soltera. Madre. Chabacana. Moño. El periodista hiere la
primera. "¿Cómo combate usted la soledad?" Y la mujeruca, nazarena:
"La soledad no se puede combatir. Derrota siempre. Siempre derrota".
Navidad. El periodista líquido. El cuestionario. No hay más preguntas.
viernes, 20 de diciembre de 2019
PoesíApp: La alcoba inhóspita
La alcoba era inhóspita. Hospitalaria. La luz ocremente
fiera. No olía a nada. Como si la nada pudiera. Y ella. Ella. La vieja. Una
quiebra. Derrengada. Vieja. A penas comer. Todo dormir. Anticipándose. Vieja. A
un simple levantar de rodillas el alma le dolía con fervor de muerta. Se
le atragantaban las aguas del río. Le ahogaban los últimos meandros. A ella. A
la vieja. Junto a ella, mayor, el hijo mayor. También mayor, la hija pequeña. Y
la plétora rubia de una nieta. De repente, tanto cuidado al mismo tiempo.
La hija le abriga la mano. A la vieja. La mano de la vieja. La nieta le posa un
pie. Con queja suave. Profunda. Y, mayor, el hijo mayor, sonriendo, llora. No.
No todo era sórdido en aquella alcoba ocremente luz. Había también una frágil
belleza. Una frágil belleza inhóspita.
lunes, 25 de noviembre de 2019
26-N: Presentación 'PoesíApp en Vitoria-Gasteiz
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| El autor, Juan L. de la Cruz Ramos, rodeado de amigos profesores, durante la presentación del poemario |
Vitoria-Gasteiz, 26 de noviembre de 2019. Con un Salón de Grados de la Facultad de Filología de la Universidad del País Vasco, en su campus de Vitoria-Gasteiz lleno a rebosar, el profesor Juan L. de la Cruz Ramos fue leyendo ayer tarde algunos de los versos que componían su nuevo libro, ‘PoesíApp’, que se presentaba ante el público para que éste los hiciera suyos.
-¿Qué tres palabras resumirían tus sensaciones en esa presentación, Juan?
-Emoción, comicidad y jondura
-¿Algún momento especial que recuerdes?
-El recuerdo, emocionado, al profesor José Javier Rodríguez, fallecido el pasado mes de septiembre, a la edad de 55 años.
-¿Participantes?
-Muchos profesores, alumnos y algo que siempre me agrada reencontrarme: exalumnos.
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| Portada |
Acompañaron en la mesa de presidencia al autor, el editor, Roberto Lastre, la poetisa Ángela Mallén y los profesores de la UPV Jesús Camarero, Luis Garagalza y Fernando García Murga.
PoesíApp es un poemario singular, un registro poético al estilo del zuithitsu, pensamientos al vuelo, como el título del libro de Yoshida Kenko, y no por gusto este poemario comienza con un viaje a Japón. Poemas escritos en el teléfonos, enviados por WhatsApp, de ahí el nombre del libro, de ahí la forma espontánea que marca el mínimo espacio, y lo trasciende y lo encanta" (Roberto Lastre, editor).
Puedes leer poesías de este nuevo libro ‘PoesíApp’ en este blog
domingo, 27 de octubre de 2019
PoesíApp: Mi buen hijo
Con indecible alegría -con esta tristeza que digo- iba hacia
la habitación. Su cuarto. Estaría dormido. En esa dormición plácida de hijo. De
buen hijo. En esa láctea dormición que todo padre le sabe. Mío.
Con indecible expectativa iba yo hacia su dormitorio. Vacío.
Maldito no recordar que no está. Que ya no está. Que se ha huido. Que es mayor.
Que es doctor. Doctor ya. Lejos. Allá lejos. Doctorcito. Enfermo yo. Maldito no
querer recordar que se ha ido. Que se ha marchido.
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